En mis sueños soy dueño de mis deseos, de mis ilusiones y de mi locura. Cuando despierto todo y todos son irreales tanto así que prefiero mis sueños a la realidad, en mis sueños soy amado de la mejor forma, soy bendito en sobremanera, soy virtuoso y soy divino, pero cuando despierto soy inconsciente, desalmado, incorrecto, erróneo, ilusorio, y un mal interprete de los demás.
Todo sería tan simple si todos fueran parte de mí, todos dirán no te preocupes somos parte de ti, carne de tu carne, sangre de tu sangre, pensamiento de tu pensamiento, no hay nada que temer pues somos uno. Y así me pasa en los sueños, son todos tan agradables, tan sinceros que no merecen que siquiera se cruce la duda por mis pensamientos.
Lo ideal y lo correcto, la locura y la cordura, la fantasía y lo verdadero, que ideas tan contradictorias y todas ellas yacen en mi, apoderándose y despojando a la otra. Maraña de nervios, venas, ramificaciones y pensamientos todos se hacen un nudo y forman la soga que ata mis pasiones.
Que es esto que llaman realidad, si no solo una mentira, que es esto que llaman verdad si no una vil calumnia, ah, si supieran, no quisieran estar en mi mente, o no, no lo intenten, se perderían al igual que yo, y después durarían su vida entera tratando de encontrar tan preciado tesoro perdido, la cordura.
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